viernes, 30 de septiembre de 2016

Hay que cambiar el chip

¿Y si hoy decidimos cambiar las cosas? Qué tal si nos autoformatearnos y nos ponemos mente positiva. Qué dicen si hoy hacemos un recojo de inservibles en nuestras vidas y nos quedamos limpios de malas vibras. Yo creo que todo depende de uno mismo y de nadie más, por lo tanto dejemos de estar esperando que las cosas cambien tan solo porque estamos sentados en la tribuna VIP del conformismo.
Creo que por eso es común, es como un mal generalizado, que  seamos campeones olímpicos exigiendo que las autoridades lo hagan todo y nos quedamos esperando en el pódium de la mediocridad  la medalla de oro del asistencialismo. Esa es nuestra triste realidad, al menos para un gran porcentaje de peruanos, y ni hablar, es el modus vivendi de un shunto de loretanos.
Por eso muchos viven convencidos de que las autoridades están para que nos cumplan nuestros caprichitos y si no lo hacen pues protestamos y les encaramos que nosotros les pusimos ahí en el cargo. Y eso es cierto. Como que también es cierto, que no sabemos elegir y elegimos al que abre su boca más grande que la de un lagarto. Al que nos mete letra a su antojo y nos convence con su populismo y su discurso demagógico.
Es decir, elegimos mediocres para que terminen mintiéndonos, jugando con las esperanzas de todo el mundo. Porque ante los regalitos y dadivas, y esas obritas que no le sirven ni a Dios ni al diablo, simplemente nos quedamos mudos y le rendimos en silencio culto a la avestruz. Es decir, escondemos la cabeza cuando ellos meten la mano y prenden las uñas.
Y en este laberinto en el que nos hemos acostumbrado a convivir, pues la corrupción es solo una palabra tantísimas veces repetida, que hemos manoseado a nuestro libre albedrío. Y, consecuentemente, la anticorrupción no es una lucha, tan solo es el medio de subsistencia de muchos aprovechados disfrazados de paladines y de arlequines. Todos hacen lo que les viene en gana, en todos los niveles. La comunidad ha sido pisoteada por el individualismo. Nuestro lema es "primero yo, después yo... y luego yo". Nos rige la cultura del egoísmo en su máxima expresión.
Cambiar el chip no es tarea fácil, modificar y reprogramarnos está a varios años luz. Mientras no seamos capaces de reconocer que los que estamos fallando somos nosotros mismos, seguiremos arando en el fango y pescando en el desierto, porque la crisis no es solo es social y económica, es mucho más grave. Está en nuestras mentes y corazones. Está en nuestro yo, enraizado en cada uno de nosotros como personas.
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lunes, 19 de septiembre de 2016

Esa inoportuna visita


No son días fáciles, sin duda alguna, es más, creo que la crisis te aprieta el cuello con sus cuerdas más gruesas como si fueras un ganado al que llevan al matadero y al que ajustan fuerte para que no escape. Son momentos breves como dolor de muela que te jode justo cuando intentas pegar los ojos luego de uno de esos tantos días para el olvido de tu colección personal.
Pero ahí se ve a los bravos dicen muchos, sobre todo los que recuerdan la voz ronca y firme de su padre, bien por ellos, pues. Pero, qué hay de los que no lo tuvimos nunca al frente o por lo menos en esos momentos de crisis existencial, en aquellos instantes donde la edad difícil de la adolescencia y juventud te sacuden peor que un devastador terremoto. Si cuando ello ocurre, la única que corre cual Defensa Civil o rescatista y te tiende la mano y el corazón es tu madre. Pero claro, eso es una maravilla, solo que en esos minutos tan solo necesitas escuchar la guapeada, esa dulce carajeada o cuadrada de tu viejo.
Pero, en fin, no vale llorar sobre la leche derramada. Pero de que a uno la vida se la pone a cuadraditos, así como cuando le pones un pupiletras a un analfabeto. Recontra cuesta arriba. Más fácil es darle un pellizcón a un vidrio.
Y sí, es ahí cuando quiere mandar por la borda todo, para luego ser tú el que se lance desde el nivel más alto de un trasatlántico, a las turbulentas y agitadas aguas de un océano a medianoche siendo consciente de que no sabes nadar. Es cuando te asalta esa sensación de querer mandar a la mierda todo porque nada te sale bien, que lo que haces con honestidad y dignamente no se refleja en el justo reconocimiento de esos billetes, en esos papeles cochinos e infestos de bacterias que cada mes llega a tus manos y siempre resulta siendo insuficientes  e injusto. Tan descaradamente desproporcionado como el mísero pago de un par de soles por un racimo de plátano al campesino.
No sé, pero en estos días de fin de semana me asaltó una vez más esos fantasmas. La depresión siempre inoportuna de nuevo tocó mi puerta y sin esperar que le abra se zampó por la ventana. Y ella viene fiel a su estilo a enrostrarte tus temores y tus complejos, esos benditos complejos de siempre. Y te desestabiliza, te vapulea, la porquería esta se regocija poniéndote mal, por los suelos. Y recién se aleja y pone fin a su indeseable visita cuando ha certificado que te dejó peor que aserrín de bar de mala muerte.
Y tras esta pesadilla a ojo abierto, en tus cinco sentidos, sin que te des cuenta de pronto te quedas dormido y después de unas horas te despiertas sobresaltado y te pones a llorar imaginado que tu almohada es el cálido regazo de tu madre… ahí te das cuenta que por enésima vez has sobrevivido a la ruleta rusa, sin saber cómo y hasta cuándo.
Ni modo, a seguir para adelante, voltear la página y seguir aferrado a la ingrata esperanza de que  la decencia algún día te hará reventar la maquinita, te hará ganar por lo menos el tercer apagón del bingo. Así que, bienvenido otra vez más lunes, así para muchos seas el día más antipático, para mi tus horas son como 24 botellas de plástico vacías de no importa que gaseosa, pero que a mí me ayuda a flotar en este mar incierto y hasta siento que puedo volar nuevamente.

MI CONGRESISTA, TU CONGRESISTA, NUESTRO CONGRESISTA

¿Qué espero de los candidatos al Congreso de la República? Pues no mucho. Algunas cosas simples y sencillas. Porque a estas alturas de ...