martes, 8 de diciembre de 2015

Los intocables, a sus casas

De que en la campaña presidencial y para el Congreso de la República debemos demandar de los candidatos sus propuestas y planes de gobierno, creo que todos estamos de acuerdo, así a ellos no tanto les interese y vayan más por las frivolidades y demagogia. Escuchar qué pretenden hacer, pero también cómo, cuándo y con qué lo piensan hacer. Vale decir, cómo todo lo que sale de sus boca se va a concretar de ser elegidos. Todo eso es importante y fundamental.
Sin embargo creo que paralelamente debemos ser exigentes con sus antecedentes. Con el quiénes son, qué hicieron, de dónde vienen. En aspirantes a representarnos en cargos trascendentales y estratégicos para el país no vale eso de borrón y cuenta nueva. No se acepta echarle tierrita a las “cochinaditas” del pasado. Si hay alguna persona que cree que como candidatos son intocables e inalcanzables al ojo ciudadano, pues, que mejor se quede al otro lado de la puerta. Que no salga de su casa.
No puede ser posible que aquellos hombres y mujeres que ya están en campaña pretendan que todos vayamos detrás de sus caravanas agarrando sus banderitas. Y que le soltemos solo preguntitas convenidas con la suavidad de una franela. Un ciudadano candidato que se precie de ser integro, que se siente en capacidad de generar cambios para bien de los peruanos, debe comenzar abriendo la información sobre él y su entorno incluyendo el de su familia, -sin que eso signifique invasión a lo íntimo y privado-. Es solo para que una vez elegidos y en funciones no sigamos con el mismo bolero y que salten las perlas del escándalo, que nos sumergen en la frustración y decepción general.
Por eso decimos. Acaso los electores no estamos en el derecho de evaluar la hoja de vida, de preguntar de donde sale el dinero para una publicidad hemorrágica de los que se lanzaron ya a la piscina electoral.
Quien dice que está prohibido cuestionar, por ejemplo,  al que se oferta a título personal como candidato(a) al Congreso con la intensión que algún partido lo jale.
Si ahora todos se presentan como los salvadores del mundo, como los que tienen la fórmula de cambiar la realidad, pues comencemos por cambiar esas prácticas y malas costumbres de las campañas electorales. Transparentarlas, sincerarlas y consecuentemente adecentarlas debe ser la mejor demostración que son diferentes, en palabras y hechos, de aquellos que ya nos gobernaron e incluso de varios de los que ahora están en gestión.
Aquí no valen los títulos, las fortunas, ni las familias de donde provienen. Si saltaron la cerca del anonimato para visibilizarse como candidatos, lo hicieron sabiendo que serán desnudados y fiscalizados, que estarán siempre cuestionados y observados. Por lo tanto si les incomoda que les respiremos en la nuca y seamos como piedras en sus zapatos, pues fácil,  no hubieran dado el primer paso,  porque el camino hacia el poder nunca será ni debe ser alfombrado. Ya es tiempo que a Palacio de Gobierno y al Legislativo lleguen los mejores entre los mejores ciudadanos. Y para eso solo hay una formula. Ser exigentes, implacables y minuciosos en la selección.
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viernes, 6 de noviembre de 2015

De mercados y mercaderes

Hay algo que no termino de entender con relación a los códigos y protocolos que se manejan en la salud pública. Por un lado se logra que se declare la Emergencia Sanitaria y por otro ni nos inmutamos por la cochinada que hay en los mercados de Iquitos. Se invierten tantos millones y se pide más para dizque cuidar nuestra salud, pero nadie garantiza -encima que pagamos- los alimentos que se venden en esos puestos donde previamente gallinazos, roedores y cucarachas hacen sus campamentos de verano. Franco, que no entiendo.

Piteamos más fuertes que tren de sierra por la contaminación de nuestros ríos y bosques por parte de las empresas extractivas, que bueno. Pero por qué nos parece normal que los lugares donde compramos los insumos para alimentarnos estén alfombrados por basurales y aromatizados por la inmundicia.

Con razón la noticia de que las carnes rojas pueden provocar cáncer no nos asusta, ¡qué va! Si nosotros compramos bistecs, churrascos y maruchas en medio de una orgía de bacterias, ¿para qué tanta alharaca?

Y son los vendedores y sus dirigentes que reclaman a los ineficientes alcaldes de no recoger esas toneladas de basura que producen a diario, pero son ellos o la mayoría de comerciantes los que tiran todo en los pasadizos desde verduras putrefactas hasta viseras y restos cuyo hedor le sacude la nariz a todo aquel que pasa a tres cuadras. Esto es cierto.

Y la razón es porque las autoridades ediles y regionales no remodelan sus mercados. El desagüe, las cañerías techo y canaletas, los puestos de venta, las mismas estructuras y bases están pidiendo a gritos que se les repare de una buena vez.

Y nosotros les retamos a los unos y a los otros de que nada cambiará porque no es cuestión de fierro y cemento sino de educación, de buenas costumbres y prácticas de higiene y limpieza. El que es cochino, así le pongas azulejos, agua fría y caliente y 20 contenedores, seguirá siendo cochino.

De estos comerciantes, muchos tienen vendiendo más de 30 años y pagando miserables arbitrios y migajas de impuestos. O sea lucran con un bien público y encima somos los ciudadanos quienes tenemos que invertir y ellos bien gracias. No pues, los mercados no son propiedad privada de estos señores, nosotros los facilitamos y miren como la mayoría de ellos nos pagan, justificando por todos los medios sus irresponsables manías de ser perfectos amantes de la basura. 


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viernes, 30 de octubre de 2015

Mirando por el cristal a las mariposas y chanchos

De que somos campeones criticando a las autoridades, lo somos. De que nos dedicamos la vida entera a ver la paja en el ojo ajeno, también es cierto y si no que nos pegue la viga de nuestro ojo en la cabeza. Siempre estamos predispuestos a rajar del otro. Los dardos, las pucunas venenosas son para los demás.
La capacidad de ser autocríticos, de poder mirarnos la cara frente al espejo de la realidad muy poco se da. Las piedras, los palos -en sentido figurado-, el raje y la tirada de barro en todo momento y circunstancia son para el que está al frente, en la otra vereda u orilla. Y yo me pregunto, una flagelada con el látigo de la evaluación de nuestros actos no nos caería bien de tanto en tanto. Yo creo que sí.
Todo esto me viene a manera de reflexión a raíz de una serie de acontecimientos que se han venido dando en nuestra ciudad. Donde la actitud ciudadana responsable simplemente se va por la cloaca de la conveniencia y el egoísmo personal. Eso de que solo importo yo y los míos y que los demás se frieguen. Cobra una vigencia preocupante.
Uno. Yo -y lo pongo en primera persona para no herir susceptibilidades ni dejar la sensación de que me quiero sacudir de responsabilidad en este mal social-, que critique y le hice añicos a las exautoridades por sus tremendos errores y metidas de pata, las mismas que lindan con el delito en muchos casos, ahora bajo las mismas o parecidas circunstancias no digo ni pio o llego al extremo de querer justificar o tapar esos hechos escandalosos. Todo depende del cristal con que se mire.
Dos. Yo, periodista punzante y crítico, fiscalizador y denunciante, de la noche a la mañana dejo colgado tras la puerta esa condición porque se dio la oportunidad de ocupar un cargo en alguna institución pública a tal punto de que le digo a mis colegas, con los que busqué y husmee  por todos los rincones la información para destapar las cochinaditas de autoridades y funcionarios, que eleven su cartita pidiendo información amparados en la Ley de Transparencia. Y encima les doy la espalda y ninguneo su labor periodística. La mariposa no se acuerda cuando era gusano.
Tres. Yo, me quejo de la bulla y los ruidos molestos de un local de diversión como el Avana Club – al que en el colmo de la desfachatez sus dueños le bautizaron como Centro Cultural- pero como ya puse mi negocio o vendo anticuchos o cuido motos, pues me quejo y rechazo la medida de la municipalidad y me “solidarizo” con los empresarios. No es amor al chancho sino a los chicharrones.
Y lo voy dejando ahí, tres ejemplos que me sirven para esta especie de auto análisis y terapia personal en el intento de poder entender las actitudes de colegas y personas conocidas, a manera de llamada de atención en voz alta. Porque creo que así estamos y lo que me preocupa es que nos estamos acostumbrando y, hasta ya nos parece de lo más normal. ¿O no?

jueves, 22 de octubre de 2015

Como los peloteros

Siento que los nuevos políticos, aquellos que llegaron a ese estatus por cualquier condición menos por sus capacidades, tienen el complejo de la mayoría  de los jugadores de fútbol. Es decir apuntan al mejor celular, cambiar la percha, una nave que llame la atención y claro, también “las mejores chicas”.

Son aquellos que de la noche a la mañana les besó la mejor oportunidad de sus vidas y ya con ese poder de haber sido elegidos lo primero que se les ocurre es ostentar y hacer alarde de sus mejoras económicas. Es que ya están en otro “level”, según ellos.

Por eso no nos sorprendemos ahora de verlos con carros o, mínimamente, potentes motos nuevas. Frecuentes viajes de placer con la esposa o esposo, la familia y hasta con su trampa de turno.

No nos olvidemos de la forma de vestir, porque del polito o vestido de tienda de medio pelo hoy dieron el gran salto y lucen, hasta de diario, ropa de marca.

Ahora bien, el sueldo o  dieta da para ese cambio radical en sus estilos de vida que los llevó incluso  a dejar el barrio de siempre para mudarse a un depa bien “ficho” o alquilar una casa de dos pisos. Y como es la época de los cambios, pues hasta los amigos son cambiados por los chupes o convenidos.

No. Yo creo que definitivamente no, el pago no es para tanto. Es bueno, pero no para dártela hasta de aspirante de Oropeza. ¿Entonces, cómo lo hacen y cuál es el negocio? Pues simple. Forman sus empresas de servicios donde el rostro es la pareja o el cuñao o la suegra. Total lo que se trata es de multiplicar lo máximo posible. Y ya quedan 3 años y un mes de esa mamadera.

Por eso de qué nos sorprendamos cuando, más que a los funcionarios o consejeros o regidores, vemos a los cónyuges o convivientes o calentados, entrando como Pedro en su casa al Gorelor o municipalidades u otras instituciones públicas,  y caminar libremente por los pasillos de las áreas de logística, administración, contabilidad, para finalmente pasar por cajatambo.

Por eso decimos que son igualitos que los peloteros, no rinden ni miércoles en la cancha pero ganan en mancha. ¿Qué les parece?


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lunes, 21 de septiembre de 2015

Policías los de antes

Caminando por la Huallaga, ya cerca al tradicional colegio “Sagrado Corazón”, fui testigo privilegiado de un hecho que me traslado con satisfacción al pasado.
Un policía de tránsito, sin necesidad de llevar el traje de supermán, levanta la mano y detiene a un sin número de vehículos, que apurados como siempre querían ganarle a la luz roja del semáforo. ¡Piñas! El uniformado, de un sonoro pitazo les obligó a detenerse justo en el límite del crucero peatonal ¿La razón? ¿El motivo? Nada más y nada menos, que una encantadora niña de aproximadamente 6 años. Sí, el cachaquito – dicho con respeto y cariño- tomó de la mano a la criatura y la ayudó a cruzar la pista instruyéndola como debería hacerlo a futuro.
Yo, observaba la escena en silencio y complacido, y me decía a mí mismo: “Caray, ese es el policía de antes”. Sí, qué duda cabe, es que con tantas cosas que se escuchan en la radio o se ven por la tele, de esos tombos malos y corruptos, prepotentes y matones, uno se queda, definitivamente, con los de antaño… Aquellos no hacían daño.
Cómo no recordar a la pareja de policías que hacían su ronda por el barrio a pata limpia, más de uno seguramente sufría con su juanete, pero encontraba alivio en la satisfacción del deber cumplido. Pensar que hoy tienen celulares, carros y motos, pero si no sueltas para la gasolina, te pelaste. Espera sentado en malva.
Cómo olvidar las recomendaciones de nuestros padres, que si nos perdíamos o teníamos alguna dificultad, no dudáramos ni un instante, en pedir ayuda al policía de la esquina. “El policía es tu amigo” no era sólo un lema o una frase manoseada y del montón. No. Era una hermosa realidad cotidiana. ¡Qué seguridad, garantía y confianza respirábamos en esta ciudad!
Con esto no decimos que en Iquitos no había robos ni asaltos; que va, se registraban uno que otro; pero cuando los shicapas eran pillados con las manos en la masa, por más que corrían como si hubieran visto un tunchi, eran perseguidos por los cachaquitos y con el apoyo de los vecinos les hacían el corralito, les chapaban, les hacían la bolansha… e iban derechito al calabozo de la comisaría más cercana, dónde se leía en la pared principal: “El honor es su divisa”. Y eso era cierto. Eso se cumplía al pie de la letra.
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sábado, 19 de septiembre de 2015

Hagamos caso a los abuelos

El miércoles un nuevo terremoto se registró en Chile. 8,4 grados en la escala de Richter. Hasta el momento de escribir este artículo lamentablemente el registro oficial habla de 10 muertos, sin contar los grandes daños materiales sobre todo en la región de Coquimbo. Zona central del país de la estrella solitaria.
Lo curioso e indignante al mismo tiempo, es que los peruanos recién cuando ocurre una tragedia en una casa vecina nos preocupamos por la nuestra. Ahí ponemos en agenda el tema de la seguridad y prevención. Dos palabras que la mayor parte del tiempo están ausente de nuestro vocabulario y de la lista de nuestras preocupaciones y prioridades.
Es ahora que se habla y se invaden los medios de comunicación con la información y el debate sobre el tema, donde todo termina cuando se lanza la dramática pregunta: ¿Estamos preparados los peruanos para un sismo de esta magnitud? Y aunque la interrogante se cierra más a la tugurizada Lima, no debemos de apartar a las otras regiones del país, y a Loreto en particular, de este cuestionamiento. Lo cierto es que los peruanos no estamos preparados ni para esta ni otras eventualidades. Y como Defensa Civil es tarea de todos, pues la culpa de esta tremenda irresponsabilidad también es de todos.
De las autoridades de ayer y hoy, porque han permitido el crecimiento de nuestras ciudades de manera desordenada sin tener un plan de desarrollo urbano integral. Porque siguen dando luz verde a que las personas se instalen a vivir en cualquier zona de alto riesgo. Porque sus planes de prevención y sus niveles de organización están politizados y han dejado de lado lo fundamental y serio que es lo técnico y profesional especializado en el tema. Un solo y contundente ejemplo de lo que decimos es que el actual responsable del COER es un periodista.
Los ciudadanos, vaya que también tenemos nuestra tremenda responsabilidad de esta incierta situación ante las tragedias. Acaso no somos nosotros mismos los que hemos convertido a nuestras ciudades en esto lo que ahora son -Lima es el mejor de los peores ejemplos, donde un terremoto de 8 grados provocaría miles de muertos-. En lo que a Iquitos respecta, pues ahí están las inundaciones de cada año que nos sigue agarrando mal parados.
Sin embargo, a pesar de todas estas carencias y limitaciones descritas, aún falta el muñequito o la cereza de la torta. Los simulacros, los mismos que son tomados a la ligera o como el recreo, en los colegios y otras instituciones cuando se programan. Ponemos mil y un escusas para no participar cívica o ciudadanamente. “Para qué hacen en Iquitos simulacros de terremotos, si aquí nunca ha habido uno” o “para qué hacen simulacros de crecientes si yo no vivo en zona baja”. Argumentos que seguramente usted también ha escuchado o lo que sería peor usted también los dijo en algún momento.
Lo único cierto es que debemos estar prevenidos siempre y debemos practicar nuestras posibles reacciones ante las desgracias, porque la naturaleza cuando entra en ira no avisa, simplemente nos castiga y nos pasa la factura. Nada está escrito y si bien hay zonas de alto riesgo de sismos, pues eso no nos libra de un eventual terremoto. Y Dios no lo permita nunca, pero si ello ocurre tengamos la plena seguridad que nada se cambiará con el llanto y las plegarias. No se previene después de, por eso nuestros abuelos y padres dicen “que más vale prevenir que lamentar” o también que “hombre prevenido vale por dos”.

MI CONGRESISTA, TU CONGRESISTA, NUESTRO CONGRESISTA

¿Qué espero de los candidatos al Congreso de la República? Pues no mucho. Algunas cosas simples y sencillas. Porque a estas alturas de ...